Cómo evitar quemaduras solares y reducir el riesgo de cáncer de piel

El verano es sinónimo de sol, vacaciones y actividades al aire libre. Cuando pasamos más tiempo fuera de casa, aumentan las horas de exposición solar y, en muchos casos, pasamos por alto ciertas rutinas de cuidado que deben ser imprescindibles en nuestro día a día. La piel tiene memoria, y los excesos de esta época pueden tener consecuencias que van mucho más allá de simples quemaduras solares. 

Y es que cuando hablamos de enfermedades dermatológicas, el melanoma ocupa un lugar prioritario. Se trata del cáncer de piel más agresivo y el que tiene mayor impacto en la supervivencia si no se detecta a tiempo. Tal y como explica la dermatóloga María López Prado, en los últimos años se ha observado un aumento en el número de casos. No obstante, también hay un mensaje positivo. Los avances en diagnóstico y tratamiento han mejorado notablemente la supervivencia, especialmente cuando se detecta en fases iniciales. Es por ello que una buena prevención y detección precoz pueden salvar vidas.

El riesgo de las quemaduras solares empieza en la infancia 

Uno de los factores más determinantes en el desarrollo de cáncer de piel en la edad adulta son las quemaduras solares sufridas durante la infancia y la adolescencia. En estas etapas, la piel es especialmente vulnerable. Una exposición intensa sin protección puede provocar daños en el ADN de las células cutáneas que, con el paso del tiempo, aumentan el riesgo de desarrollar lesiones malignas. Por eso es fundamental adoptar hábitos saludables desde edades tempranas y mantenerlos a diario. 

Revisar la piel de forma periódica es una de las herramientas más eficaces para detectar cambios sospechosos. Para ello, los especialistas recomiendan seguir la conocida regla del ABCD, una guía sencilla que cualquier persona puede aplicar en casa:

  • A de Asimetría: si divides el lunar en dos, ¿ambas partes son iguales?
  • B de Bordes: los bordes irregulares o mal definidos pueden ser una señal de alerta. 
  • C de Color: la presencia de varios tonos (marrón, negro, rojizo) en una misma lesión debe vigilarse 
  • D de Diámetro: los lunares mayores de 6 milímetros requieren atención. 
  • E de Evolución: el criterio más importante. Cualquier cambio en tamaño, forma, color, o la aparición de síntomas como picor, sangrado o dolor, debe ser valorado por un especialista.

LA AUTOEXPLORACIÓN NO SUSTITUYE A LOS PROFESIONALES

La autoexploración es fundamental, pero en ningún caso sustituye la valoración de un especialista. Ante cualquier duda, cambio en la piel o lesión sospechosa, es imprescindible acudir a consulta. Contar con el seguimiento de profesionales permite detectar de forma precoz posibles problemas y recibir recomendaciones personalizadas según el tipo de piel y las necesidades de cada persona. 

Como señala la dermatóloga María López Prado, el acompañamiento médico es clave para mantener una piel sana y prevenir complicaciones a largo plazo.