Las altas temperaturas ya forman parte de nuestros veranos. Cada año, las olas de calor son más frecuentes, intensas y prolongadas, convirtiéndose en un importante problema de salud pública. Aunque muchas personas asocian el calor excesivo con una simple sensación de incomodidad, la realidad es que la exposición prolongada a temperaturas elevadas puede tener consecuencias graves para la salud.
Conocer los riesgos y adoptar medidas preventivas es fundamental para disfrutar del verano de forma segura, especialmente en el caso de personas mayores, niños, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas. El organismo humano dispone de mecanismos naturales para regular la temperatura corporal, principalmente, a través de la sudoración. Pero cuando las temperaturas son muy elevadas o la exposición al calor se prolonga durante demasiado tiempo, estos mecanismos pueden verse superados.
Como consecuencia, pueden aparecer distintos problemas de salud, desde cuadros leves de agotamiento hasta situaciones potencialmente graves como el golpe de calor. Además, las altas temperaturas pueden agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias o renales ya existentes, aumentando el riesgo de complicaciones.
Los efectos del calor excesivo
La exposición continuada al calor puede provocar diferentes síntomas que conviene identificar a tiempo.
- Deshidratación: es una de las consecuencias más habituales durante los meses de verano. Se produce cuando el organismo pierde más líquidos de los que ingiere. Sus síntomas de alerta son:
- Sed intensa
- Boca seca
- Mareos
- Dolor de cabeza
- Cansancio
- Disminución de la cantidad de orina
En personas mayores, la deshidratación puede pasar desapercibida porque la sensación de sed disminuye con la edad.
2. Agotamiento por calor: este aparece tras una exposición prolongada a altas temperaturas o tras realizar actividad física intensa en ambientes calurosos. Sus síntomas más frecuentes son:
- Debilidad
- Sudoración abundante
- Náuseas
- Calambres musculares
- Mareos o sensación de desvanecimiento
Aunque suele ser reversible, requiere actuar con rapidez para evitar que evolucione hacia un cuadro más grave.
3. Golpe de calor: es la situación más peligrosa relacionada con las temperaturas extremas y constituye una urgencia médica. Se produce cuando el cuerpo pierde la capacidad de regular su temperatura y esta puede superar los 40 grados. Entre los signos de alarma destacan:
- Confusión o alteración del estado de conciencia
- Piel caliente y seca
- Temperatura corporal muy elevada
- Dolor de cabeza intenso
- Convulsiones
- Pérdida del conocimiento
Ante estos síntomas es imprescindible solicitar atención médica inmediata.
¿Quiénes son las personas más vulnerables?
Aunque cualquier persona puede verse afectada por el calor extremo, existen grupos especialmente sensibles:
- Personas mayores de 65 años
- Niños pequeños y lactantes
- Mujeres embarazadas
- Pacientes con enfermedades cardiovasculares
- Personas con patologías respiratorias
- Trabajadores que desarrollan su actividad al aire libre
Consejos para protegerse frente a las altas temperaturas
Mantente hidratado: la recomendación principal es beber agua de forma frecuente, aunque no se tenga sed. Además, se debe:
- Evitar bebidas alcohólicas
- Reducir el consumo de bebidas con cafeína
- Priorizar frutas y verduras con alto contenido en agua
Permanece a refugio en las horas de más calor: siempre que sea posible, es recomendable limitar la actividad física al aire libre entre las 12:00 y las 18:00 horas, cuando las temperaturas suelen alcanzar sus máximos.
Utiliza ropa ligera: las prendas holgadas, transpirables y de colores claros ayudan a mantener una temperatura corporal más adecuada. Además, es aconsejable utilizar sombrero o gorra cuando se permanezca en el exterior.
Mantén tu casa fresca: cerrar persianas durante las horas centrales del día y ventilar a primera hora de la mañana o por la noche puede ayudar a reducir la temperatura en el interior de la vivienda.
Escuchar al cuerpo puede evitar complicaciones
Durante el verano es habitual aumentar las actividades al aire libre, realizar desplazamientos largos o pasar más tiempo en playas y piscinas. Sin embargo, estas situaciones incrementan la exposición al calor. Por ello, es importante planificar adecuadamente las actividades, buscar zonas de sombra, utilizar protección solar y prestar especial atención a las personas más vulnerables del entorno.
El calor extremo no debe subestimarse. Identificar los primeros síntomas de deshidratación o agotamiento y actuar de forma temprana puede evitar complicaciones importantes. Mantener una adecuada hidratación, evitar exposiciones prolongadas al sol y adoptar hábitos saludables durante los meses más cálidos son medidas sencillas que contribuyen a proteger nuestra salud y la de quienes nos rodean.



